Cómo limpiar una piscina privada.

Si tienes una piscina particular en tu chalet o en tu comunidad de propietarios, te habrás percatado de lo importante que es mantenerla en unas correctas condiciones de higiene y llevar a cabo su mantenimiento. Hay que saber manipular los productos químicos, la proporción en la que utilizarlos y conocer el funcionamiento de la maquinaria. A simple vista puede parecer una tarea sencilla que cualquiera puede llevar a delante. Pero no lo es. Está controlada por los servicios de salud de las Comunidades Autónomas y regulada por normas a nivel nacional y autonómico. En este artículo veremos como para nada es una cuestión baladí.

Una piscina es un lugar de recreo y un medio para mitigar el calor del verano. Un punto de reunión para disfrutar con la familia, los amigos y los vecinos. Pero si no se lleva un mantenimiento como corresponde, puede ser un foco difusor de enfermedades. Su limpieza está regulada por el Real Decreto 724/2013 en el que se establecen los criterios que hay que tener en cuenta en la limpieza de las piscinas.

Enfermedades derivadas de un mal mantenimiento.

Además de accidentes que se puedan producir en las inmediaciones de las piscinas, al crearse superficies resbaladizas, como tropezones o caídas, el mantenimiento deficiente de las instalaciones entraña riesgos para la salud.

Las diarreas son la enfermedad más habitual que podemos contraer en un baño público. Se debe a la ingestión accidental del Criptosporidium, un parásito microscópico que se encuentra en el agua y sobrevive al cloro. Basta con tragar un poco de agua al nadar o bucear para que se aloje en nuestro sistema digestivo. La gravedad de sus efectos está determinada por su concentración y por el estado del sistema inmunitario del afectado. La depuración y constante movimiento del agua evita que se acumule.

La otitis es otra de las infecciones más frecuentes. Sus síntomas son picor e inflamación en el oído interno. Se produce cuando el agua se ha quedado en el canal auditivo durante cierto tiempo y los gérmenes crecen en su interior.

El pie de atleta y la dermatitis son transmitidos por hongos y gérmenes propios de zonas húmedas. Por otro lado, el prurito ocular es una infección en los ojos ocasionada por una alta concentración de cloro y una baja ventilación.

Las bacterias más presentes en las piscinas son la legionela, que causa neumonía con unos síntomas similares a la gripe, y la bacteria pseudo mona, causante de erupciones en la piel y de otitis severa. La desinfección de la piscina es clave para eliminar estas bacterias.

El mantenimiento de la piscina.

El agua de las piscinas no es una sustancia pura, contiene otras sustancias en disolución, incluyendo elementos patógenos. El mantenimiento de la piscina, además de limpiarla de suciedad visible, consiste en controlar que esas sustancias estén por debajo de determinados límites y no afecten a la salud.

Antes de entrar el agua en la piscina pasa por un proceso de filtrado y desinfección por diferentes máquinas en las que se le añaden productos químicos para reducir la cantidad de patógenos. Lo mismo sucede con los circuitos de recirculación, en el que el agua se va depurando cada cierto tiempo. Los productos químicos se aplican antes de que el agua llegue a la piscina. Solo se pueden aplicar directamente si la piscina es cerrada, no hay bañistas y se respeta un plazo de seguridad antes de abrirla.

Quince días como mínimo antes del comienzo de la temporada de baño se ha de comprobar toda la maquinaria de la instalación: motobombas, cuadros eléctricos, filtros, equipos de desinfección, etc. Y asegurarnos de que funcionan perfectamente.

Inmediatamente después se realiza la puesta a punto. Se deja actuar un fungicida para eliminar hongos y materia orgánica, y se procede a llenar la piscina hasta niveles óptimos de trabajo, que permitan comprobar el funcionamiento de la instalación. Se revisan los motores, las válvulas, los equipos de cloración y se ajusta el circuito de depuración.

Después se realiza un tratamiento de choque, que consiste en aplicar productos químicos en una cantidad superior a la habitual para acondicionar la piscina según los parámetros sanitarios que fija la legislación. Normalmente, se usa cloro y alguicidas, dejando funcionar el circuito de depuración durante 8 horas seguidas.

Hay que comunicar al ayuntamiento la apertura de la piscina con dos semanas de antelación y obtener el permiso sanitario correspondiente. Es imprescindible en piscinas comunitarias y recomendables en particulares. Carecer de ello implica responsabilidades civiles y administrativas, sobre todo si se produce alguna infección en la piscina.

Cada día hay que analizar el pH del agua y ajustarlo a un nivel adecuado. También deberemos controlar el nivel de cloro y limpiar la superficie de ramas, hojas o residuos flotantes que hayan podido caer.

Cada semana hay que limpiar las paredes y el fondo de la piscina. Hay suciedad más pesada como tierra y polvo que se depositan en estas superficies. Deberemos habituarnos a utilizar redes y utensilios limpia-fondos.

De igual manera, es necesario limpiar semanalmente los skimmers, el filtro y el pre-filtro de la bomba. Un filtro obstruido y sucio no hace bien su trabajo y pone en riesgo el funcionamiento de la bomba y del sistema de filtrado.

Quién realiza el mantenimiento.

El titular de la piscina es el responsable del estado de las instalaciones. El Real Decreto 724/2013 establece que el personal encargado de la limpieza y mantenimiento de la piscina deberá contar con un certificado o título oficial que lo acredite. Este se adquiere superando un examen sobre material proporcionado por la administración.

Mantenimiento de piscinas en Madrid recomienda recurrir a empresas especializadas para efectuar el mantenimiento de estas instalaciones. Se trata de un trabajo cualificado en el que se requiere conocimientos químicos (sobre los productos y las dosis que aplicar) y técnicos (mecánica básica de los motores, conocimientos electromagnéticos, funcionamiento del circuito hidráulico y fontanería)

Dejar el mantenimiento en manos de alguien inexperto y sin titulación es algo muy arriesgado. No solo hay peligro de que pueda estropear la maquinaria o que no sepa arreglar una avería, sino que puedo ocasionar riesgos para la salud de los bañistas.

Si se opta por hacerlo uno mismo, deberá trabajar bajo la supervisión de un técnico en mantenimiento de piscinas que cada cierto tiempo inspeccione la instalación y facilite directrices precisas para el trabajo.

Trabajar con una empresa especializada del sector proporciona un soporte técnico que permite resolver cualquier incidencia complicada que pueda surgir, incluso disponer de piezas o máquinas que haya que reemplazar cuando se estropean.

En este tipo de trabajos técnicos, la experiencia y la organización son un grado. Estas empresas, por su práctica, reconocen al momento el funcionamiento de cada piscina (ya sea grande o pequeña, moderna o antigua, cubierta o descubierta) Pueden encargarse de cualquier problema que surja tanto sobre el tratamiento y equilibrio del agua, como sobre cualquier aspecto técnico de la instalación. Respetando las medidas de seguridad que fija la ley para cada tipo de piscina.

La piscina, muchas veces, es un elemento de uso temporal. Se utiliza unos pocos meses al año. Algunas de estas empresas tienen un servicio de urgencias de 7 días por semana. Es una lástima tener la piscina inutilizada varios días cuando solo la usamos durante 3 o 4 meses.

La limpieza de una piscina es un asunto más delicado de lo que parece. Si no se realiza adecuadamente, entraña riesgos para la salud. Tiene un complicado procedimiento de puesta a punto, por lo que para su mantenimiento es recomendable recurrir a profesionales acreditados y empresas especializadas del sector.

 

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